El ministro de Relaciones Exteriores de Irán, Abbas Araghchi, afirmó que el estrecho de Ormuz permanece abierto para la navegación internacional, pero advirtió que los petroleros y buques vinculados a países considerados enemigos no podrán transitar por la estratégica ruta marítima. La declaración llega en medio de una escalada militar en Oriente Medio y en un contexto de fuerte volatilidad en los mercados energéticos mundiales.
Durante declaraciones difundidas por medios iraníes, Araghchi aseguró que su país responderá a cualquier ataque contra sus instalaciones energéticas, ya sea contra infraestructura petrolera o contra otros activos clave del sector. El canciller iraní afirmó que, si se produjera una agresión de ese tipo, las fuerzas del país podrían atacar instalaciones de empresas estadounidenses en la región o de compañías con participación de capital estadounidense.
“El estrecho de Ormuz está abierto, pero cerrado para los petroleros y buques de los enemigos y sus aliados”, declaró Araghchi. El ministro también señaló que Teherán actuaría con cautela para evitar daños en zonas densamente pobladas, aunque reiteró que la respuesta militar sería inevitable si se producen ataques.
Las declaraciones del gobierno iraní se producen mientras Washington intenta organizar una respuesta internacional para garantizar la libre navegación en el estrecho. El presidente estadounidense, Donald Trump, afirmó que varios países afectados por el bloqueo parcial de la vía marítima podrían enviar buques de guerra para desbloquear el tránsito comercial.
Según Trump, entre las naciones que podrían participar se encuentran China, Francia, Japón, Corea del Sur y el Reino Unido, todos grandes importadores de petróleo que dependen de esta ruta estratégica. El estrecho de Ormuz es considerado uno de los puntos de estrangulamiento energético más importantes del mundo. Aproximadamente el 20 % del petróleo comercializado globalmente pasa por ese corredor marítimo entre el Golfo Pérsico y el Golfo de Omán.
La actual crisis se intensificó después de la ofensiva conjunta iniciada por Israel y Estados Unidos el pasado 28 de febrero, cuyo objetivo declarado era eliminar lo que ambos países calificaron como amenazas estratégicas de la República Islámica. Los bombardeos provocaron la muerte del ayatolá Alí Jameneí, líder supremo de Irán durante más de tres décadas, así como de varios altos mandos militares.
Tras su fallecimiento, Mojtabá Jameneí, hijo del líder religioso, fue designado como nuevo líder supremo del país. En respuesta a los ataques, Irán ha lanzado múltiples oleadas de misiles balísticos y drones contra objetivos israelíes y contra bases militares estadounidenses ubicadas en distintos países de Oriente Medio.
Las Fuerzas Armadas iraníes aseguran haber ejecutado más de 40 oleadas de ataques desde el inicio del conflicto. La incertidumbre geopolítica ha tenido un impacto inmediato en los mercados energéticos internacionales. Durante el inicio de esta semana, el precio del barril de crudo superó los 100 dólares y llegó a rozar los 120 dólares en las primeras horas de negociación, antes de retroceder parcialmente.
Analistas del mercado señalan que la volatilidad se explica por el temor a interrupciones prolongadas en el suministro global de petróleo si el estrecho de Ormuz queda completamente bloqueado.
Cualquier interrupción significativa en esta ruta podría afectar especialmente a los mercados de Asia, que dependen en gran medida del petróleo del Golfo Pérsico. En un mensaje televisado a la nación, el nuevo líder supremo iraní afirmó que el país vengará cada una de las muertes causadas por los ataques recientes.
En su discurso, calificó de “fundamental” mantener la presión sobre el estrecho de Ormuz y advirtió que Irán podría abrir otros frentes militares en zonas donde sus adversarios “tienen poca experiencia y serán extremadamente vulnerables”.
Mientras tanto, Washington insiste en que la ofensiva militar está cerca de concluir. Según el gobierno estadounidense, gran parte de los objetivos estratégicos ya han sido neutralizados. La evolución del conflicto en torno al estrecho de Ormuz podría tener consecuencias económicas y geopolíticas de gran alcance. Además de afectar al suministro energético global, el enfrentamiento amenaza con involucrar a múltiples potencias militares y alterar el equilibrio estratégico en Oriente Medio.
Si el bloqueo se intensifica o se producen ataques contra infraestructuras energéticas regionales, los mercados internacionales podrían enfrentar una nueva crisis de precios del petróleo, con impacto directo en la inflación y en la estabilidad económica de numerosos países. En ese escenario, la comunidad internacional observa con preocupación el desarrollo de una crisis que combina tensión militar, riesgo energético y presión diplomática, factores que podrían redefinir la seguridad en una de las regiones más sensibles del planeta.