Interno en RD lidera programas contra la violencia desde prisión, formando profesionales y creando centros de prevención en la comunidad.Interno en RD lidera programas contra la violencia desde prisión, formando profesionales y creando centros de prevención en la comunidad.

En un entorno marcado por la reincidencia y la violencia, un privado de libertad en República Dominicana ha impulsado un modelo de rehabilitación emocional que comienza a generar impacto dentro y fuera del sistema penitenciario, apostando por la prevención y la transformación social.

Un punto de inflexión en medio del encierro
La historia de Ruthberkis Suazo surge desde el interior del sistema carcelario dominicano, donde cumple una condena de 15 años tras verse involucrado en un hecho violento. Lo que inició como una experiencia personal trágica evolucionó, con el tiempo, hacia una búsqueda profunda por comprender las causas de la violencia humana.

Interno en RD lidera programas contra la violencia desde prisión, formando profesionales y creando centros de prevención en la comunidad.

Durante su permanencia en prisión, Suazo ha enfocado sus esfuerzos en el estudio y la formación, desarrollando herramientas orientadas a la reestructuración cognitiva, la regulación emocional y el manejo del trauma. Su enfoque se ha implementado durante más de ocho años en centros penitenciarios como La Victoria, Najayo Hombres y Najayo Mujeres.

Un modelo de intervención desde la experiencia
A diferencia de otros programas tradicionales, su propuesta nace desde la vivencia directa del fenómeno violento. Esto le ha permitido diseñar estrategias adaptadas al contexto sociocultural dominicano, integrando prácticas psicológicas basadas en evidencia con herramientas de mindfulness y neurociencia.

El modelo no se limita a controlar la conducta, sino que busca comprender sus raíces y promover cambios sostenibles en el comportamiento.

“La transformación real comienza cuando se entiende el origen de la violencia y se trabaja desde allí” es uno de los principios que guía su enfoque.

Un interno del sistema penitenciario dominicano impulsa programas de rehabilitación emocional y prevención de la violencia que ya impactan a cientos de profesionales y reclusos.

Formación que trasciende los muros
El impacto del programa no se ha limitado a la población penitenciaria. Según los datos disponibles, más de 50 psicólogos del sistema y alrededor de 250 profesionales de distintas provincias han recibido capacitación en estas metodologías.

Esta expansión ha permitido que las herramientas desarrolladas dentro de prisión comiencen a aplicarse en contextos reales fuera de ella, fortaleciendo los procesos de intervención en casos de violencia.

Además, testimonios recogidos en los centros penitenciarios indican que los propios internos han promovido la participación de otros compañeros, lo que evidencia una aceptación creciente del programa.

De las cárceles a la prevención comunitaria
El siguiente paso en esta iniciativa apunta hacia la sociedad. Para mayo próximo, la Fundación Manantial de Vida proyecta la apertura de tres centros especializados en la intervención de conductas violentas.

Estos espacios estarán dirigidos a parejas que enfrentan dinámicas conflictivas, con el objetivo de intervenir antes de que la violencia escale a consecuencias irreversibles.

La propuesta busca trasladar el conocimiento generado en las cárceles hacia la prevención en la comunidad, en un intento por reducir los índices de violencia desde su origen.

Reconocimiento en el ámbito científico
El trabajo desarrollado también ha llamado la atención en el campo académico. Una investigación realizada durante siete años ha sido incorporada en una publicación científica liderada por el doctor Jorge Morillo, quien integró los aportes de Suazo en el enfoque del estudio.

Este hecho representa un caso poco común: la validación del conocimiento generado dentro del sistema penitenciario en espacios formales de investigación.

Más allá del castigo: una propuesta de cambio
El caso plantea interrogantes relevantes sobre el enfoque tradicional hacia la violencia y la rehabilitación. ¿Es posible transformar a quienes han cometido actos violentos en agentes de cambio? ¿Se están aprovechando las experiencias surgidas en contextos críticos?

En medio de estas preguntas, la iniciativa apuesta por una visión distinta: convertir el conocimiento adquirido en herramientas útiles para prevenir nuevos episodios de violencia.

En un país donde la violencia continúa siendo un desafío social, este tipo de iniciativas abre el debate sobre nuevas formas de intervención. Más allá de una historia individual, el modelo desarrollado desde prisión plantea una alternativa que podría incidir en la reducción de conductas violentas tanto dentro como fuera del sistema penitenciario.

La creciente demanda de estos programas sugiere que existe una necesidad latente de enfoques más integrales, en los que la educación emocional y la comprensión del trauma jueguen un papel central en la construcción de soluciones duraderas.

Por Redacción Notidiario

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