La guerra en Oriente Medio sacudió este lunes con fuerza los mercados financieros globales. El precio del petróleo se disparó hasta un 30 % en las primeras horas de negociación, rozando brevemente los 120 dólares por barril, mientras las principales plazas bursátiles de Asia y Europa acumulaban pérdidas que no se veían desde la pandemia.
Un mercado petrolero en ebullición
El barril de crudo West Texas Intermediate (WTI), referencia en el mercado estadounidense, avanzó un 15,51 % hasta situarse en 104,96 dólares, aunque en su pico de la mañana llegó a marcar 119,48 dólares. El Brent del mar del Norte, contrato europeo de referencia, subió un 17,42 % hasta los 108,82 dólares, después de haber superado también los 119 dólares. El gas natural tampoco escapó a la presión: los futuros del TTF neerlandés, índice de referencia europeo, abrieron con un alza del 30 %, alcanzando los 69,50 euros por megavatio hora.
El detonante inmediato de esta escalada fue doble. Por un lado, los ataques registrados en los últimos días contra campos petrolíferos del sur de Irak y de la región autónoma kurda del norte iraquí obligaron a reducir la producción. Por otro, mandos iraníes amenazaron con impedir el paso de buques por el estratégico estrecho de Ormuz, mientras Washington advirtió de que garantizará la libertad de navegación, con la posibilidad de que la Marina estadounidense escolte a los petroleros que crucen la vía.
El cuello de botella energético del planeta
El estrecho de Ormuz es quizás el punto más sensible de toda esta crisis. Por ese corredor marítimo transitan cerca de 15 millones de barriles diarios, lo que representa aproximadamente el 20 % del comercio internacional de petróleo. Su tráfico se suspendió de facto desde el inicio de la guerra, el 28 de febrero, y el impacto no tardó en sentirse: Emiratos Árabes Unidos y Kuwait también redujeron su producción ante los ataques iraníes contra sus territorios.
Asia es la región más expuesta a cualquier interrupción del suministro entre el 84 % y el 90 % del crudo que sale por Ormuz tiene como destino el continente asiático, al que también llega cerca del 83 % del gas natural licuado que circula por esta ruta.
Bolsas en caída libre de Tokio a Madrid
Las bolsas asiáticas extendieron las pérdidas de la semana pasada. La Bolsa de Seúl, que este año venía registrando un sólido rendimiento impulsado por sus empresas tecnológicas, cerró con una caída del 5,96 %, mientras que Tokio terminó con un descenso del 5,2 %. También registraron fuertes bajas Hong Kong, Shanghái, Sídney, Singapur, Manila y Wellington.
En Europa, la apertura fue igualmente turbulenta. París retrocedió un 2,59 %; Fráncfort, un 2,47 %; Londres, un 1,57 %; Madrid, un 2,87 %; y Milán, un 2,71 %. Los futuros de Wall Street no quedaron al margen: los contratos de los tres principales índices estadounidenses acumulaban caídas superiores al 2 % desde la semana anterior, en tanto el dólar recuperó terreno al ser percibido como activo refugio.
El G7 activa un plan de emergencia
Ante la magnitud de la crisis, los países más ricos del mundo aceleraron sus respuestas. Los ministros de Finanzas del G7 convocaron una reunión de emergencia en Nueva York para evaluar una liberación conjunta de petróleo estratégico a través de la Agencia Internacional de la Energía (AIE), con la participación de su director ejecutivo, Fatih Birol. Al menos tres países del G7, incluido Estados Unidos, ya habían manifestado su apoyo a la medida.
Las reservas estratégicas de la AIE superan los 1.240 millones de barriles, cantidad suficiente para cubrir casi un mes de la demanda mundial actual, y más de 140 días de importaciones netas. La institución exige a sus miembros mantener stocks equivalentes a 90 días de importaciones como mínimo.
Un nuevo líder en Teherán agrava la incertidumbre
El factor político también pesó sobre los mercados. La Asamblea de Expertos de Irán designó a Mojtaba Jamenei, hijo del fallecido líder supremo Alí Jamenei, como nuevo máximo dirigente del país, en medio del décimo día del conflicto. Los principales centros de poder iraníes, incluida la Guardia Revolucionaria, respaldaron rápidamente el nombramiento, lo que apunta a una continuidad de las políticas de línea dura.